Acercándose mi cumpleaños número
30 decidí irme a vivir sola, con el apoyo de mi familia. El lugar al que me
mude tiene un patio grande y no hice más que imaginar tener un perro grandote
corriendo y jugando en el patio, un perro que amara las pelotas y amara correr
y hacer hoyos en la tierra. La que ahora es mi casa aún no estaba lista, le
faltaban muchos arreglos, dos meses de arreglos. Dos días después de mi
cumpleaños fue uno de los mejores días de mi vida y es que por la mañana fui a
rodar y a compartir rodando.
Regresando a casa veo que me han
etiquetado en una publicación de Facebook en la que sale un hermoso perrito
llamado Pigglet, era de talla mediana y tenía una mancha en su ojo y otra más
en su colita. Era de una asociación que daba en adopción animales, Belén (amiga de mi hermana) me había etiquetado y me invitaba a ir a verlo. La
verdad a mí me encantó, pero había dos peros: Mi mamá no quería perros en su
casa y aún no estaba lista la mía para tener a Pigglet y ese domingo era el
último día que podría ir por él (El horario era hasta las seis de la tarde y ya
eran las cuatro). Platicando con un conocido a quien le encantan los perritos, me
dijo que fuera por él y que él me lo cuidaba un mes, no lo pensé más y me puse
de acuerdo con Belén para ir por el perro, mi perro.
Llegando al parque donde estaban
los perritos no estaba Pigglet, di una vuelta y vi varios perritos, todos
hermosos y uno de ellos llamó mi atención. Fue una hembra hermosa, pecosa,
gordita, con su parche en el ojo y sus ojos color miel quien de inmediato llamo
mi atención. Se paró de patas sobre su jaulita cuando me acerque a ella y sentí
mucho amor, ternura y alegría. “Se llama Kokoa” me dijo la persona que la
llevaba. Comencé a acariciar a Kokoa (que su nombre no me convencía mucho, pero
la chava me dijo que tenía un lindo significado).
Belén por su parte, preguntaba por Pigglet quien ya se había ido pero lo harían volver. Yo estaba nerviosa porque en verdad yo ya había elegido (y creo que también a mí me habían elegido). Ya no sabía que decir o inventar pues de verdad yo ya estaba enamorada de mi cachorra. Voltee a verla y estaba haciendo un hoyo dentro de su jaula en la tierra. La quería con todas mis fuerzas.
Belén por su parte, preguntaba por Pigglet quien ya se había ido pero lo harían volver. Yo estaba nerviosa porque en verdad yo ya había elegido (y creo que también a mí me habían elegido). Ya no sabía que decir o inventar pues de verdad yo ya estaba enamorada de mi cachorra. Voltee a verla y estaba haciendo un hoyo dentro de su jaula en la tierra. La quería con todas mis fuerzas.
Llegó Pigglet y me dijeron que
era sordo, la verdad no tengo problema con que sea sordo sin embargo requiere
cuidados especiales. Pero no convivía con otros perritos y quien lo cuidaría
tiene 4 pequeños perrunos. Entonces fue perfecto para decir “No gracias” e irme
con Kokoa.
Me dijeron que diera una vuelta
al parque con Kokoa (llevándola con correa). Ella fue muy bien portada y linda,
así como es. En la vuelta me detuve y me agaché a acariciarla y tomar una
selfie decirle que yo la haría feliz y de
inmediato envié la foto diciéndo que Pigglet no era opción pero que
me había enamorado de Kokoa. A lo que me respondieron velozmente “adóptala” y bueno…
la adopté.
Mientras llenaba el papeleo la
chica me contó que Kokoa tenía como dos años y medio y convivía con niños y con
otros perros sin problema y que se la había encontrado vagando por Chapultepec
y que en 10 meses no había podido encontrar a su familia, que no la había dado
en adopción antes porque en verdad era una buena perra pero que tenía 30 gatos
y más perros rescatados que implicaban gastos. Entonces comenzó a llorar de
tristeza y la verdad yo lloraba pero de alegría, chale la felicidad de unos a
veces implica la tristeza de otros. Pero Kokoa estaría en excelentes manos.
Ya para regresarnos a casa, Belén
llevaba a Ana Paula (su bebé de 11 meses) y a Patricio (Un chihuahua mega
chiqueado) y además iba a llevarme a mí con Kokoa. Al subir al auto, ella se sentó
en el tapete del copiloto y todos nos acomodamos para trasladarnos.
Tenía sentimientos encontrados
porque por una parte ya tenía a Kokoa conmigo pero por otra parte tenía que
dejarla, si, lo confieso, me dieron celos de que lo amara
inmensamente y se olvidara de mi (esto porque yo la vería poco tiempo y no conviviría
con ella como quisiera).
Llegamos al parque rojo en donde
nos dejó Belén y caminamos un ratote, después nos sentamos en una banquita.
Kokoa es muy cariñosa, siempre se ha sentado junto a mí. Mientras esperaba que
fueran por ella busque en internet el significado de Kokoa, encontré que es una
palabra en japonés y significa “Amor del corazón” no se equivocaron. Llego su cuidador y la deje con él
Y así fue el primer día de Kokoa,
así es como llegó a mi esa alegría con cuatro patitas…
