11 de febrero de 2017

Kokoa (parte 1)

Acercándose mi cumpleaños número 30 decidí irme a vivir sola, con el apoyo de mi familia. El lugar al que me mude tiene un patio grande y no hice más que imaginar tener un perro grandote corriendo y jugando en el patio, un perro que amara las pelotas y amara correr y hacer hoyos en la tierra. La que ahora es mi casa aún no estaba lista, le faltaban muchos arreglos, dos meses de arreglos. Dos días después de mi cumpleaños fue uno de los mejores días de mi vida y es que por la mañana fui a rodar y a compartir rodando. 

Regresando a casa veo que me han etiquetado en una publicación de Facebook en la que sale un hermoso perrito llamado Pigglet, era de talla mediana y tenía una mancha en su ojo y otra más en su colita. Era de una asociación que daba en adopción animales, Belén (amiga de mi hermana) me había etiquetado y me invitaba a ir a verlo. La verdad a mí me encantó, pero había dos peros: Mi mamá no quería perros en su casa y aún no estaba lista la mía para tener a Pigglet y ese domingo era el último día que podría ir por él (El horario era hasta las seis de la tarde y ya eran las cuatro). Platicando con un conocido a quien le encantan los perritos, me dijo que fuera por él y que él me lo cuidaba un mes, no lo pensé más y me puse de acuerdo con Belén para ir por el perro, mi perro.

Llegando al parque donde estaban los perritos no estaba Pigglet, di una vuelta y vi varios perritos, todos hermosos y uno de ellos llamó mi atención. Fue una hembra hermosa, pecosa, gordita, con su parche en el ojo y sus ojos color miel quien de inmediato llamo mi atención. Se paró de patas sobre su jaulita cuando me acerque a ella y sentí mucho amor, ternura y alegría. “Se llama Kokoa” me dijo la persona que la llevaba. Comencé a acariciar a Kokoa (que su nombre no me convencía mucho, pero la chava me dijo que tenía un lindo significado).

Belén por su parte, preguntaba por Pigglet quien ya se había ido pero lo harían volver. Yo estaba nerviosa porque en verdad yo ya había elegido (y creo que también a mí me habían elegido). Ya no sabía que decir o inventar pues de verdad yo ya estaba enamorada de mi cachorra. Voltee a verla y estaba haciendo un hoyo dentro de su jaula en la tierra. La quería con todas mis fuerzas.

Llegó Pigglet y me dijeron que era sordo, la verdad no tengo problema con que sea sordo sin embargo requiere cuidados especiales. Pero no convivía con otros perritos y quien lo cuidaría tiene 4 pequeños perrunos. Entonces fue perfecto para decir “No gracias” e irme con Kokoa.

Me dijeron que diera una vuelta al parque con Kokoa (llevándola con correa). Ella fue muy bien portada y linda, así como es. En la vuelta me detuve y me agaché a acariciarla y tomar una selfie decirle  que yo la haría feliz y de inmediato envié la foto diciéndo que Pigglet no era opción pero que me había enamorado de Kokoa. A lo que me respondieron velozmente “adóptala” y bueno… la adopté.

Mientras llenaba el papeleo la chica me contó que Kokoa tenía como dos años y medio y convivía con niños y con otros perros sin problema y que se la había encontrado vagando por Chapultepec y que en 10 meses no había podido encontrar a su familia, que no la había dado en adopción antes porque en verdad era una buena perra pero que tenía 30 gatos y más perros rescatados que implicaban gastos. Entonces comenzó a llorar de tristeza y la verdad yo lloraba pero de alegría, chale la felicidad de unos a veces implica la tristeza de otros. Pero Kokoa estaría en excelentes manos.

Ya para regresarnos a casa, Belén llevaba a Ana Paula (su bebé de 11 meses) y a Patricio (Un chihuahua mega chiqueado) y además iba a llevarme a mí con Kokoa. Al subir al auto, ella se sentó en el tapete del copiloto y todos nos acomodamos para trasladarnos.

Tenía sentimientos encontrados porque por una parte ya tenía a Kokoa conmigo pero por otra parte tenía que dejarla, si, lo confieso, me dieron celos de que lo amara inmensamente y se olvidara de mi (esto porque yo la vería poco tiempo y no conviviría con ella como quisiera).

Llegamos al parque rojo en donde nos dejó Belén y caminamos un ratote, después nos sentamos en una banquita. Kokoa es muy cariñosa, siempre se ha sentado junto a mí. Mientras esperaba que fueran por ella busque en internet el significado de Kokoa, encontré que es una palabra en japonés y significa “Amor del corazón” no se equivocaron. Llego su cuidador y la deje con él 

Y así fue el primer día de Kokoa, así es como llegó a mi esa alegría con cuatro patitas…